Capítulo 16

 

Elisa había huido de Córdoba para buscar desahogo y protección en su hogar, pero eso fue lo último que encontró cuando llegó a casa. La Arboleda era un desastre. Probablemente siempre haya sido así y ella se había negado a verlo hasta ahora, ya que la dejadez y desidia que dejó al partir todavía estaba ahí, instalada para nunca irse.

Su madre era … su madre. Era vulgar, ruidosa y manipuladora. Ni bien Elisa entró a su casa, Adela la abrazó efusivamente y pidió que le contara todo lo que pasó en Córdoba. Diez minutos más tarde ya ni la escuchaba y empezó a preguntarle cuánto le habían pagado. Le pidió plata, ya que, aparentemente, las finanzas venían de mal en peor. De repente Adela se puso a llorar y le confesó sentirse sola y abrumada por las obligaciones. Elisa no sabía que creer y sólo pudo mirarla con preocupación.

Catalina, su hermana más chica, se había convertido en un verdadero parásito. Vivía de tirada en un sillón sin hacer nada y desde que terminó la secundaria el año anterior que pensaba qué hacer de su vida. Todavía tenía materias para rendir pero ni siquiera las estaba preparando. Su única preocupación era mantener sus uñas pintadas y encontrarse con su noviecito de grasiento flequillo rolinga¹. Cata jamás fue muy brillante, pero hasta el más tonto puede ser algo con un poquito de esfuerzo. Y su hermana era de las que no se esforzaban.

María era la ‘nerd’ de la familia. Todos le decían la autista, porque vivía absorta en su mundo. No ayudaba mucho en casa, tampoco le gustaban los animales así que ni se acercaba a los caballos. Al menos había tenido la decencia de conseguir un trabajo y se pagaba su ropa y sus salidas. Ahora se le había ocurrido que quería convertirse en escritora y hasta se había comprado una computadora usada para comenzar su primera novela. No molestaba, pero su aporte era nulo.

Su padre la desconcertaba. Cuando lo vio, a Elisa se le cayó un ídolo. Sabía bien que ella lo había subido a un pedestal sin que él hubiera hecho mucho mérito, pero ahora que veía todo con otros ojos, esa fantasía del papá genial que ella se había inventado se le hizo insostenible. Estaba más indolente y cínico que nunca, pero había algo más. Prácticamente no estaba en casa y desaparecía sin decir a dónde iba. Volvía malhumorado y no hablaba con nadie. Eso volvía loca a su madre, quien empezaba a increparlo con su pasado de jugador y le pedía explicaciones. El tema de discusión era siempre el mismo: la plata que no alcanzaba. Él la trataba como si estuviera loca o la ignoraba. Era un círculo enfermo que parecía nunca acabar.

Sin dudas, la que más sufrió su ausencia fue Julieta, quien tuvo que aguantar ella solita el caos de la casa. Su escape era su trabajo y se pasaba horas en el hipódromo y visitando pacientes para no ahogarse en la desidia de la Arboleda. Estaba agotada y desmotivada por ser la única que hacía algo por sacar esa granja adelante.

Esa misma noche, Elisa se fue hasta el cuarto de su hermana mayor para contarle todo lo que había ocurrido durante su estadía en la Rosa del Carmen. Empezó por el tema más jugoso: la propuesta indecente de Guillermo Darcy.

—¿En serio te dijo eso? — Julieta no pudo reprimir una sonrisa. —¡Qué animal!

—¿Viste? No se puede creer. Pero lo puse en su lugar rapidito. Tendrías que haber visto como le cambiaba de color la cara cuando lo mandé al cuerno.

—¡Me imagino! ¡Y tan serio que parece! Además, es un tipo grande. ¿Qué se le habrá pasado por la cabeza para decirte algo así?

—Aparentemente, lo vuelvo loco. — Se rió Elisa. Era embriagante saber que tenía tanto poder sobre un hombre del calibre de Guillermo Darcy

Ya veo. — Julieta largó una carcajada.

—¿Quién se lo hubiera imaginado?

—No te tires abajo, Elisa. Carla te dijo mil veces que Guillermo gustaba de vos. Recuerdo que te quejaste de eso un par de veces. No entiendo porqué estás tan sorprendida.

—No me lo tomé en serio. Mirala a Carlita, resultó ser una vidente.

—¿Y a vos te gusta? — Julieta preguntó con una mirada sugestiva.

Elisa se puso colorada. —El tipo está re-fuerte, no te lo voy a negar.

Su hermana no contestó y la siguió viendo con cara de ‘vamos, confesá’.

—No es mi tipo. Es ‘too much’, como diría Carla. — Elisa trató de hacerse la superada. —Pero ya no pienso tan mal de él. La carta que me escribió me ayudó a verlo de otra manera. Me di cuenta de que me ensañé con él sin razón.

—¿Te escribió una carta?

—Si, me la entregó al día siguiente. En la carta me pidió disculpas y me explicó algunas cosas que surgieron durante la discusión. —Elisa se puso seria. —¿Viste todo ese cuento de Jerónimo, lo de la herencia y la yegua drogada? Bueno, parece que no fue así como Jero lo contó.

Julieta se dio cuenta de que su hermana había sacado el tema a relucir, probablemente en el momento menos oportuno y no de la mejor manera. —No me digas que lo enfrentaste con eso. Yo jamás le creí una palabra a Jerónimo.

—Medio que se lo tiré en la cara en plena pelea. Ahí todo se fue al cuerno y la discusión se puso fea. —Elisa terminó de contarle lo ocurrido con Miss D y la verdad acerca de Jerónimo.

—Vaya a saber que le dio a la yegua. Debe haber sido una flor de mezcla. — Julieta suspiró profundo. Se la veía agotada.

—Estas re cansada. ¿Mucho trabajo?

—Bastante. Me estoy ganando en derecho de piso así que me tocan los turnos más pesados. También tomé guardias dos veces por semana en una clínica veterinaria de Mar del Plata. Quiero independizarme un poco del Dr. Ramírez. Yo hago el trabajo y él cobra.

—Me encanta el auto que te compraste. —Elisa sonrió. Estaba orgullosa de que su hermana haya podido ahorrar para comprarse el Renault 11 que usaba para movilizarse.

—Gracias. Le tengo que hacer unas cositas, pero me lleva y me trae, eso es lo que importa. No sabés como me costó juntar la plata. Igual tuve que dar un anticipo y el saldo lo pago en cuotas. Acá la cosa está bravísima y el dinero no alcanza para nada. Mamá se pone como loca. El otro día llamaron del banco por la cuota de la hipoteca. Parece que no se paga desde hace un par de meses.

Eso preocupó a Elisa. —Noté que está un poco tenso el asunto.

—Ya vendrán tiempos mejores.  —Julieta se quedó pensativa un momento. —Che, así que Jerónimo es gay. Pero mirá vos. Siempre me pareció un poco rara esa amistad que tenía con Daniel, pero nunca me imaginé eso.

—Te juro que me sentí una estúpida cuando leí la carta. Y pensar que creí que me iba a invitar a salir.

—Le puede pasara cualquiera, che, no te pongas así. —Julieta miró de reojo a su hermana y se rió. —Bueno no a cualquiera.

—Gracias.

—Basta de pavadas. Ahora contame bien como se te declaró Guillermo.

Elisa sonrió y empezó a relatarle a su hermana cuan ardientemente la admiraba el Sr. Darcy.

 

 

En pocos días, Elisa ya había vuelto a la rutina habitual de la casa, sólo que ahora tenía un objetivo en mente. Estaba decidida a anotarse en la facultad y empezar a cursar Producción Agropecuaria. Sus opciones eran Pergamino y Mar del Plata y ya se había contactado con ambas facultades para ver como iniciaba el trámite. Luego hizo una llamada a la agencia de turismo y les preguntó si tenían algún contingente en camino. Durante su ausencia, nadie se había ocupado de ese tema y se perdieron importantes ingresos que provenían de los turistas. Como la temporada recién empezaba, era crucial afianzar la relación con la agencia. Negoció la tarifa y consiguió dos grupos para el fin de semana. También se suscribió a un portal en Internet que ofrecía servicios turísticos rurales. El arancel iba a ir para la casa, pero los turistas dejaban muy buenas propinas, y esas iban a parar a los ahorros de Elisa. No era mucho, pero ayudaba.

También se puso firme con Brisa. La estadía en Córdoba le había dado más técnica de trabajo y disciplina. Se lo tomó como una obligación y trabajaba con la yegua todos los días, pasara lo que pasara. Con mano firme y constancia, Brisa empezó a mejorar a un ritmo tan rápido que hasta se animó a anotarla en un torneo al mes siguiente.

Por suerte su papá había contratado a un chico para ayudar con el trabajo más pesado de la granja. Federico tenía 17 años, era poco instruido pero muy trabajador. Venía de una familia muy humilde de campo adentro y era el tercero de 6 hermanos. Era muy agradable y Elisa estaba agradecida de tener alguien que le diera una mano, porque su papá estaba más borrado que nunca.

—Tomás, — Adela llamó a su esposo cuando éste llegó a casa. —¿En dónde estabas? ¡Son casi las diez! ¡Te esperamos para cenar y ni apareciste! ¿Por que no llamaste para avisar que no venías?

Su marido ni contestó.

—Mañana vienen turistas, hay que preparar todo y mirá a la hora que llegás. ¡Así nunca nos va a ir bien!

—Elisa ya está de vuelta y Federico puede ayudarla. No me rompas las bolas.

Tomás se fue para la cocina, con Adela gritándole detrás. Discutieron mientras él se recalentaba la cena, Adela quejándose y su marido ignorándola. Cuando
Tomás volvió a la mesa con su plato de comida, se dirigió a Elisa.

—Vendí a Rosita.

A Elisa se le cayó el alma al piso. —¿Porque?

Ya está vieja y necesitamos lugar para los pensionistas de verano. Con la sequía que hubo va a haber poco pasto.

Rosita era la yegua de paseo que tenían. Era muy mansita, ideal para los nuevos estudiantes o turistas que no sabían andar a caballo. Y no era tan vieja.

—Rolando la quiere para sus chicos. Le saqué buena plata.

Elisa no dijo nada y se lo quedó mirando. Ya habían vivido algo parecido varios años atrás, cuando su papá desarrolló una adicción terrible al juego y hacía de todo para conseguir dinero. Sólo esperaba que su próximo objetivo no fuera Brisa porque eso sí sería una catástrofe.

Tomás terminó de comer y le entregó a Elisa una revista. —Ah, mirá lo que encontré. La revista con la cobertura del Campeonato mundial y la Copa de las Naciones.

El corazón de Elisa empezó a latir con fuerza. En la tapa de la revista Mundo Ecuestre estaba la foto más espectacular de Guillermo Darcy, montando a Tuareg, que ella haya visto en su vida.

No perdió un segundo y se fue volando a su cuarto a sentarse en la cama y devorarse la revista. Era una edición especial supergruesa dedicada a los principales eventos de la hípica mundial y por sobre todo, el hombre que se había apoderado de sus sueños.

Sentía palpitaciones cada vez que daba vuelta una página y veía una foto más de él. La tapa solamente era para provocar un infarto. Era una foto de ¾ de perfil de Darcy reclinado sobre el cuello de Tuareg, tomada muy de cerca –o con un gran teleobjetivo-- con los brazos estirados acompañando el arco, saltando un obstáculo que ella recordaba estaba en el centro de la pista. Se lo veía concentrado, seguramente calculando la distancia hacia la próxima valla, a bordo de un Tuareg muy alerta, con una actitud que decía ‘La copa es mía’.

Elisa contó 12 fotos que mostraban a Darcy. En varias se lo veía saltando en distintas etapas de los concursos. Había ganado uno de los torneos y salido segundo en el otro, así que también estaban las fotos reglamentarias de la entrega de premios, tanto individuales como  por equipos. También había una de él solo con Tuareg durante un descanso y un par de fotos más informales. El equipo Argentino también tuvo un destaque debido a sus excelentes logros. No era habitual que un equipo sudamericano tuviera tan buen desempeño y eso les generó buena prensa. 

Dos artículos le interesaron mucho. El primero era una nota de dos páginas a los integrantes del Equipo Ecuestre del Norte en donde contaban como se surgió el equipo y los inconvenientes que tuvieron que sortear para poder hacer esa gira. Hablaron de la falta de apoyo gubernamental –aunque viajaron representando a su país— y la dedicación y sacrificio personal que significaba competir a ese nivel. El otro artículo estaba dedicado al ganador individual de la Copa de Las Naciones. Le temblaban las manos mientras leía.

 

Equipo del Millón.

 

Desde hacía muchos años que la equitación no veía un binomio saltar con esta excelencia. Luego de importantes victorias en su país y en distintos circuitos sudamericanos, el jinete Argentino Guillermo Darcy viene a conquistar Europa y se lleva el galardón máximo en uno de los principales campeonatos del Viejo Mundo, La Copa Toyota de las Naciones, dándole un nuevo significado a las palabras profesionalismo y talento en este deporte.   

Ahora enfocado hacia los Juegos Panamericanos y luego los Olímpicos, este habilidoso jinete ha rehusado una oferta de 2 millones de dólares por su magnífico Tuareg, del cual también es criador, y ha renovado su sponsorship con la Toyota en lo que se considera el contrato de patrocinio más alto jamás firmado en el ámbito ecuestre. 

Guillermo Darcy está vinculado a la hípica desde su infancia, iniciándose en los torneos de alto ranking a la temprana edad de 15 años. La Peregrina, la prestigiosa estancia de la familia, ahora bajo su administración, es reconocida por producir caballos de genética superior, con excelente conformación y temperamento y es un sinónimo de seriedad y profesionalismo en la crianza y entrenamiento de caballos de salto.

Sin lugar a duda, Guillermo Darcy ha conformado con Tuareg un binomio que será recordado por generaciones.

 

Elisa cerró la revista, sintiéndose tan orgullosa que casi no cabía dentro de sí misma. Este hombre estaba loco por ella

 

¹ Flequillo rolinga: Es difícil de explicar – googleen imágenes ‘flequillo rolinga’ y van a entender.

 

 

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